Sandor era un perrito abandonado en el Samu de Rancagua. Cuando Carla lo vio por primera vez, con Jorge no pudieron quedar indiferentes, debían traer a Sandor a casa e iniciar tratamientos para su artrosis, atenderlo ya que por antiguas lesiones le costaba ser independiente, pero por sobre todo quisieron darle lo que merecía, un hogar. Sandor llegó con más de 15 años a sus vidas, los acompañó poco más de un año y medio, y les deja una huella que los acompañará el resto de sus vidas. Un perrito senior merece las mismas oportunidades que un cachorro.

